miércoles, 30 de marzo de 2016

Síndrome del Impostor Emocional

Síndrome del Impostor Emocional

En determinadas ocasiones o ante determinados retos, tenemos una sensación de miedo o angustia, ante lo nuevo, lo desconocido, lo cual atenaza nuestra capacidad de libertad, nuestra capacidad de evolución y nuestra capacidad de "hacer realidad" o de realización.

En otras ocasiones, nos ocurre todo lo contrario, consideramos que lo que aparece ante nuestros ojos es demasiado fácil y restamos importancia ante los requisitos a cumplir o el procedimiento a seguir para alcanzar el objetivo, lo cual provoca que relajemos la atención y la precisión y caigamos en la frustración, ante el más mínimo tropiezo.

En otras ocasiones, lo que sucede es que ponemos a las demás personas en niveles diferentes al que pensamos que nos encontramos nosotros, ante esa misma situación o realidad.

Si colocamos a los demás en un nivel inferior al nuestro, es decir pensamos que su situación en ese momento y espacio determinados es más fácil que la nuestra, podemos caer en el desprecio o en la envidia.

Si colocamos a los demás en un nivel superior al nuestro, es decir pensamos que su situación en ese momento y espacio determinados es más difícil que la nuestra, podemos caer en el estrés y la angustia.

Este tipo de situaciones son muy normales, no hay que alarmarse, aunque si conocerlas, para saber detectarlas y decidir como actuar de la manera más ecológica para nosotros y nuestro entorno.

A este tipo de situaciones se le denomina Síndrome del Impostor Emocional y en los siguientes párrafos os voy a tratar de facilitar algunos trucos para detectarlo a tiempo:

  1. La mente nos hace creer que somos realmente buenos en algo, cuando en realidad somos pésimos. Según se demuestra en los estudios de psicología realizados por el Doctor David Dunning en 1990, nuestro cerebro esta preparado para protegernos de peligros reales e imaginarios, lo cual origina que se produzcan este tipo de pensamientos.
    Las personas competentes suelen infravalorar sus capacidades, mientras que el resto de personas las sobrevaloran.
  2. La mente nos hace sentir como un fraude, Pauline Rose Clance y Suzanne Imes, en 1978, encontraron que muchas personas de éxito y con buenas posiciones sentían que eran un fraude, que no merecían tal puesto, que se habían sobrevalorado susu competencias y que no eran tan buenas.
  3. Si piensan que somos estúpidos, nos volvemos estúpidos. Esto en psicología se conoce como el Efecto Pigmalión. Si existe un estereotipo o imagen del grupo en el que nos hallamos, lo más probable es que tendamos a reflejar esa imagen con nuestra conducta.
    Esta técnica en Coaching Educatiovo es muy fácil y sencilla de aplicar en la actividad docente, en su versión positiva. Si consideramos que un estudiante o grupo de estudiantes a nuestro cargo, SON LOS MEJORES Y CON GRAN TALENTO, vamos a propiciar que esas personas puedan desarrollar al máximo su potencial y sus capacidades. Os recomiendo ponerlo en práctica, yo lo he comprobado con mis alumnos y alumnas y sacan unas notas impresionantes.
  4. La mente nos hace creer que tenemos razón, aún cuando claramente no la tenemos. Esto lo hace a través del sesgo de confirmación.
    El sesgo de confirmación es el fenómeno por el cual nuestra mente tiende a ignorar cualquier información que esté en contra de nuestras creencias y nos aferramos a nuestra idea.
  5. La mente nos hace creer que todo pasa por alguna razón. Buscamos patrones donde no los hay, le damos importancia a cosas que no las tienen.
  6. La mente se entretiene haciéndonos temer cosas que jamás van a ocurrir, como por ejemplo morir en un atentado terrorista., en cambio existen otras causas de muertes, como muchas enfermedades que tienen mayor porcentaje de mortalidad, a las que no les damos tanta importancia , al tener menor impacto informativo
En definitiva, debemos atrevernos a vivir la vida, a explotar nuestros éxitos y logros y aceptarlos. Ir eliminando la baja autoestima , rechazar la falsa humildad y cotejar éxitos y fracasos con realismo. Recordad que de los errores también se aprende.

Los éxitos compartidos se multiplican y los fracasos, penas y errores compartidos se disminuyen.

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